
Todos lo hemos vivido alguna vez. Estás viendo una película o una serie en streaming en tu dispositivo favorito cuando, de repente, ¡zas!, la calidad de la imagen se viene abajo. La alta definición se convierte en definición estándar y, al final, en ninguna definición. Las imágenes permanecen en la pantalla mucho más tiempo del que deberían, las texturas se vuelven granuladas y pixeladas o, lo que es peor, la transmisión se corta por completo.
Parece que da igual lo estable que sea tu conexión a Internet o lo avanzado que sea tu dispositivo: los mismos problemas persisten. Entonces, ¿por qué la calidad del streaming es tan irregular? La respuesta es más complicada de lo que podrías pensar.
Todo empieza con un archivo
Independientemente del servicio de streaming que utilices —Netflix, Hulu, Amazon o cualquier otro—, tu experiencia comienza con un archivo de vídeo. La empresa de streaming aloja un archivo de vídeo en sus servidores, y el proveedor te lo transmite a través de Internet.

La calidad de este archivo fuente puede variar enormemente. Y, como puedes imaginar, si la calidad del vídeo original no es la mejor, tu experiencia de streaming se verá afectada. Profundizaremos en este tema (y en cómo THX está trabajando para resolverlo) en futuras entradas del blog, pero por ahora basta con que sepas que es el primer factor que puede afectar negativamente a la calidad del streaming.
El dilema de la codificación
Los servicios de streaming tienen que ofrecer contenidos bajo demanda y a una amplia variedad de dispositivos, muchos de los cuales cuentan con un hardware radicalmente diferente y funcionan con distintos sistemas operativos. Es como intentar dar de comer a una familia con un único plato cuando cada uno pide algo diferente. Y todos insisten en que se les dé de comer ahora mismo.
Para sortear este problema, los servicios de streaming utilizan una técnica denominada «streaming de velocidad de bits adaptativa» (ABR). Este proceso filtra el archivo a través de un codificador, que a continuación genera flujos independientes de calidad variable. Se pueden generar tantos flujos como se desee, pero a efectos de este artículo, lo más sencillo es imaginar tres: un flujo de alta calidad, uno de calidad media y otro de baja calidad.

Tu servicio OTT decide qué transmisión recibes primero y, a continuación, la calidad de la transmisión se ajusta en función de la velocidad de tu conexión. Si tu dispositivo detecta que tu conexión a Internet es lo suficientemente potente como para soportar una transmisión de mayor calidad, pasará a la codificación de calidad media. Y si tu conexión es óptima, tu dispositivo solicitará la transmisión de alta calidad. Más adelante, si la velocidad de tu conexión disminuye, tu dispositivo «bajará de marcha» automáticamente a la versión de calidad media o baja del archivo. De esta forma, tu experiencia de streaming continúa sin interrupciones; al menos, en teoría.
Circuitos de carreras frente a autopistas
Por desgracia, Internet es un lugar muy concurrido. Tu transmisión de vídeo tiene que abrirse paso entre exabytes de tráfico. Además, compite con otros datos que se envían a tu dispositivo al mismo tiempo, como el correo electrónico o la información de otras páginas web y aplicaciones.
En este sentido, el streaming es un proceso muy diferente al de recibir contenidos de un proveedor de televisión por cable o a través de un reproductor de Blu-ray. Se trata de sistemas fijos y controlables, en los que el vídeo se transmite directamente a través de un cable hasta tu televisor sin que haya mucho que lo ralentice o impida su reproducción. A través de estos canales, el ABR no es necesario: el archivo puede mantener su calidad original y predecible de principio a fin.

Piensa en la televisión por cable y los Blu-rays como una pista de carreras vacía, en la que el contenido te llega a toda velocidad en línea recta. Los servicios de streaming funcionan a través de Internet, que se parece mucho más a una autopista muy transitada. El contenido tiene que desplazarse a velocidades variables entre todo tipo de tráfico para llegar hasta ti, y hay infinitamente más posibilidades de que se produzcan retrasos, incidentes y atascos.
El resultado final es un poco caótico: un vídeo cuya calidad varía o que se detiene por completo a medida que la velocidad de Internet sube o baja y surgen otros problemas.
Entonces, ¿cuál es la solución?
Esperamos que ahora entiendas un poco mejor por qué la calidad del streaming es irregular. Por desgracia, eso no hará que resulte menos frustrante la próxima vez que el contenido no se vea tan bien como te gustaría. Comprendemos tu frustración, y por eso THX está trabajando duro para que el streaming sea una experiencia mejor para todos. No te pierdas nuestras próximas entradas del blog para descubrir cómo lo conseguiremos.